AL Hueso: una feria para repensar las formas de circular y habitar el arte

Actualizado: hace 7 días
Del 30 de octubre al 1 de noviembre, una nueva feria de arte ocupará un edificio en el barrio de Chacarita en la ciudad de Buenos Aires. Con una propuesta que busca acercar las obras a la vida cotidiana, ampliar los públicos y generar nuevas formas de encuentro entre los distintos actores de la escena artística, AL Hueso se suma al circuito ferial de la capital argentina.

¿Qué sucede cuando una feria de arte abandona los stands o las salas de exposición para instalarse en un edificio habitado? En Chacarita, la respuesta toma forma en AL Hueso, una nueva feria organizada por TACHA (Trash Art Center & Humboldt Apart) que propone transformar un espacio doméstico en un territorio de encuentro y convivencia. Del 30 de octubre al 1 de noviembre, cuatro pisos y doce departamentos de un edificio de 1.100 metros cuadrados reunirán a 28 proyectos artísticos de Argentina, Chile, España, Uruguay y Suiza, en una experiencia para repensar dónde nos encontramos con el arte, cómo circula y qué otras formas de vincularnos con las obras pueden surgir al ampliar los modelos feriales. Desde Coleccionismo Contemporáneo, acompañamos estas iniciativas que abren posibilidades para repensar las prácticas tradicionales del coleccionismo y explorar una concepción expandida, capaz de reconocer otras maneras de construir vínculos con el arte, más allá de la adquisición de obras y de los circuitos habituales del mercado.
Cambiando las reglas del espacio: del stand al departamento
La propuesta de AL Hueso parte de una operación sencilla y significativa: entrar a un departamento para encontrarse con una obra de arte. Las ferias tradicionales proponen un espacio de montaje abstracto, donde el arte se vincula con sí mismo. En esta nueva propuesta, los espacios concebidos originalmente para la vida cotidiana se convierten en escenarios de exhibición, desplazándonos hacia un entorno más cercano y reconocible. En lugar de recorrer una sucesión de stands, los visitantes podrán transitar por departamentos y descubrir propuestas curatoriales en ambientes que remiten a los espacios que habitamos. En ese sentido, la arquitectura deja de funcionar como un contenedor neutral o un cubo blanco, para convertirse en parte de la experiencia tanto con sus posibilidades como con sus limitaciones, haciendo más real y concreta la interacción con las piezas.
AL Hueso surge como una propuesta de Solange Guez, luego de una trayectoria de más de 25 años en el campo de las artes y la gestión, que incluye la dirección de una galería, la participación en ferias internacionales y la producción de proyectos culturales. Desde TACHA, espacio que fundó hace casi diez años, Solange ha profundizado una búsqueda vinculada con las problemáticas sociales y ambientales, así como con las posibilidades de transformación de las prácticas culturales. Desde esa experiencia se tiene una noción más concreta de las limitaciones de los circuitos tradicionales como, por ejemplo, los costos de participación en las ferias, los gastos de traslado, alojamiento, seguros y producción que pueden representar una inversión difícil de afrontar para galerías y proyectos independientes. Todo este conjunto de trabas y limitaciones hace que las posibilidades de exhibición y circulación no dependan exclusivamente de la calidad de las propuestas, sino de los recursos económicos y la capacidad de gestionarlos para sostenerlas.
AL Hueso plantea en este sentido, una revisión del formato ferial sin renunciar a su dimensión comercial. Como explica Solange, el objetivo no es oponer modelos, sino ampliar las alternativas existentes: “No se trata de negar el mercado ni de plantear una oposición entre formatos, sino de ampliar las posibilidades”, nos dice. La feria ofrece la posibilidad para los participantes de alojarse en el mismo edificio de departamentos donde se desarrolla la feria y, junto con los bajos costos de participación que parten de los 150 dólares, busca reducir algunas de las barreras económicas que condicionan el acceso a estos circuitos. La emergencia de estos nuevos modelos feriales implica al mismo tiempo una relectura de todas las prácticas conexas como el coleccionismo: se trata de trabajar e intervenir sobre las condiciones concretas en las que los proyectos artísticos pueden encontrar oportunidades de circulación y sobre el acceso concreto de nuevos públicos.

Habitar la feria: anfitriones y convivencia
Como dijimos, una de las particularidades de la feria es que galeristas, artistas y colectivos participantes exhibirán sus obras en los departamentos del edificio y algunos de ellos se hospedarán en el mismo sitio durante los días de la feria. Los espacios destinados a la exposición son en este modelo, lugares de descanso, convivencia e intercambio, todo al mismo tiempo. La estadía de los artistas en el mismo edificio abre la posibilidad de encuentros más directos entre quienes producen las obras y quienes las visitan, mientras que la convivencia entre los participantes está pensada para favorecer vínculos entre proyectos de distintas procedencias.
El espacio doméstico funciona como algo más que una alternativa a la arquitectura tradicional de las ferias. Al trabajar para intentar desdibujar las fronteras entre el lugar de exhibición y el lugar habitado, la propuesta busca acercar el arte a los entornos cotidianos y generar una experiencia compartida que no se limite a la contemplación de las obras.
En esta primera edición la feria reunirá 28 proyectos procedentes de distintos puntos de Argentina y de otros países. A la participación de iniciativas del Área Metropolitana de Buenos Aires se suman propuestas de Córdoba, Tucumán, Santa Fe y localidades bonaerenses como Sierra de la Ventana, Luján y Las Flores, además de proyectos de Chile, España, Uruguay y Suiza. La diversidad no se limita a la procedencia geográfica, sino también a sus modelos de gestión: galerías, colectivos de artistas, espacios independientes, editoriales y otras iniciativas compartirán el edificio. Desde la feria remarcan que las propuestas abordarán temas como el cuerpo, el sexo, el placer y el deseo; la memoria, la intimidad y los rituales cotidianos; el paso del tiempo, el reciclaje, las luchas que construyen comunidad; los territorios que atraviesan nuestras identidades y las distintas formas de imaginar, ocupar y transformar un hogar.
Esta heterogeneidad dialoga con una preocupación central de Solange y de la feria: la necesidad de fortalecer los vínculos entre los actores de la escena artística y construir redes que no dependan exclusivamente de encuentros ocasionales. En un contexto en el que los costos y la concentración de la visibilidad dificultan la circulación entre distintas escenas, el intercambio puede convertirse en una herramienta para ampliar las oportunidades de artistas y proyectos. “Cuando compartimos experiencias, recursos, contactos y públicos, ampliamos las posibilidades de cada proyecto y fortalecemos la escena en su conjunto”, nos comenta Solange.
Política de precios visibles y nuevas formas de acercamiento
Durante el desarrollo de la feria las obras tendrán sus precios a la vista, una decisión que busca establecer una relación más directa y transparente con los visitantes y acercar la posibilidad de comprar arte a públicos que no necesariamente participan de sus circuitos habituales. En este sentido, AL Hueso plantea que la información sobre los precios puede modificar la experiencia de quien recorre una feria: conocer el valor de una obra permite considerar su adquisición sin que la consulta se convierta en una instancia distante o intimidante. Al mismo tiempo, el entorno doméstico propone imaginar las piezas en espacios familiares, vinculando la experiencia estética, que puede sentirse distante y ajena, con la posibilidad concreta de convivir con una obra de arte. Acercar las obras a más personas supone también generar condiciones para que nuevos compradores puedan descubrir el arte, construir sus propios criterios y considerar la adquisición de una pieza.
La propuesta de la feria se vincula con una concepción de acceso que no se limita a bajar los precios o incentivar la entrada a un espacio, sino también pensar qué sucede una vez que se atraviesa esa primera puerta, cómo generamos confianza, pertenencia y comunidad. En este sentido, AL Hueso busca revisar las distancias simbólicas que pueden hacer que una parte del público perciba el arte contemporáneo como un universo ajeno y reservado a quienes conocen sus códigos.
Desde nuestra plataforma venimos discutiendo la idea de un "coleccionismo expandido" que trastoca las representaciones sociales sobre la práctica. Históricamente, el coleccionismo se ha asociado con la capacidad económica, la acumulación y la circulación por determinados espacios de legitimación. Sin embargo, esa asociación no define por completo la práctica de coleccionar, sino que responde a una construcción cultural que también está siendo revisada.
Expandir la práctica del coleccionismo implica reconocer que el valor de una colección no depende exclusivamente del precio de sus piezas ni de la posición que estas ocupan en el mercado. También puede construirse a partir de los vínculos afectivos, las memorias, las afinidades culturales y las experiencias que una persona reúne y preserva a través de aquello que colecciona. Esta mirada nos permite trabajar sobre las desigualdades que condicionan, en primera instancia, quiénes pueden imaginarse como coleccionistas. Ampliar las posibilidades de comprar arte es importante, pero ampliar la propia idea de lo que significa coleccionar lo es más.

Coleccionar como algo más que adquirir una obra
AL Hueso informa que cada entrada a la feria incluirá dos piezas que podrán conservarse como objetos coleccionables: un huesito de cerámica realizado especialmente por la artista Mara Riviello López y el fanzine de la primera edición de la feria, que reúne a los 28 proyectos participantes mediante textos, frases y dibujos. Estas dos piezas ofrecen, para quienes no están acostumbrados a transitar por ferias y espacios dedicados a las artes visuales, una primera aproximación al coleccionismo desde un formato accesible y cercano. La propuesta incorpora la posibilidad de llevarse piezas vinculadas con el evento y conservar un registro material de la experiencia, más allá de circular y disfrutar las obras en el espacio. A esa iniciativa se suma la decisión de destinar una parte de lo recaudado con las entradas directamente a los proyectos expositivos, planteando el acceso a la feria como una forma concreta de acompañar a quienes participan.
Estos pequeños movimientos de formato permiten pensar el coleccionismo desde una perspectiva que excede la mera adquisición de obras: coleccionar también supone otorgar significado a aquello que decidimos conservar independientemente de su valor comercial o escala. Desde esta mirada, podemos entender una colección como un modo de establecer una relación duradera con aquello que nos interesa y nos representa. Pensar un coleccionismo expandido supone desplazar el centro de atención desde la acumulación y el valor económico hacia las relaciones sociales, afectivas y culturales que pueden construirse alrededor de lo coleccionado.
Más allá de la feria: una propuesta cultural que busca continuidad
Durante los tres días se ofrecerán conversatorios, activaciones, intercambios y performances que ampliarán la experiencia expositiva. La agenda propone sumar instancias de participación y conversación para que el encuentro no quede limitado al recorrido por los departamentos. Entre las acciones propuestas que ya se vienen desarrollando se encuentran intervenciones de arte de guerrilla en el espacio público, con afiches y pequeños huesitos de cerámica, además de un ciclo de podcast destinado a presentar a los participantes y extender las conversaciones más allá de los días de la feria. Estas iniciativas acompañan una búsqueda que atraviesa el proyecto: ampliar los espacios de contacto con el arte y generar nuevas oportunidades de encuentro. La programación y las acciones de comunicación funcionan como extensiones de una propuesta que puede comenzar antes y continuar después del evento.
Transformaciones
La emergencia de una feria como AL Hueso, abre una conversación que excede el diferencial de ocupar un edificio de departamentos. La propuesta deja la mesa servida para debatir sobre las condiciones y costos de participación, la dinámica de los espacios y la relación con el público y el coleccionismo. Queda claro que una feria no puede resolver por sí sola las dificultades estructurales que atraviesan el sector, pero sí puede plantear acciones concretas para revisar algunas de sus dinámicas: reducir los gastos de participación, transparentar los precios y generar nuevas formas de acercamiento entre las obras y sus posibles públicos.
En el centro de esta búsqueda aparece para nosotros la pregunta sobre quiénes pueden sentirse parte del mundo del arte y cómo podemos revisar las barreras económicas y simbólicas para ampliar la participación. Para Solange, ese cambio requiere recuperar una relación con el arte que no dependa exclusivamente de conocimientos previos ni de la familiaridad con los códigos del circuito. “Creo que la inclusión empieza cuando dejamos de pensar el arte como un territorio al que otros deben aprender a ingresar y empezamos a reconocerlo como una experiencia humana que todos podemos habitar”, sostiene.
La apuesta de AL Hueso consiste en explorar cómo el cambio de escenario puede abrir nuevas posibilidades de circulación, fortalecer vínculos y acercar las obras a la vida cotidiana. El 30 de octubre comienza esta nueva experiencia y desde Coleccionismo Contemporáneo estaremos acompañando su desarrollo.
Participantes 2026

INFORMACIONES
Cuándo: del 30 de octubre al 1 de noviembre
Dónde: TACHA (Trash Art Center & Humboldt Apart), Humboldt 1271, Ciudad de Buenos Aires.
Entradas: AR$ 10.000 Aquí.
Sitio: www.alhuesoferia.com
Instagram: @alhuesoferia


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